Boletín—Febrero de 2004

Rectora Abdica a Su Responsabilidad

El desasosiego y la incertidumbre vuelven a reinar en el Recinto. En esta ocasión, actuaciones desacertadas y poco democráticas de Rectoría han provocado la salida de varios Decanos y sus respectivos Decanos Asociados y Auxiliares. Preocupa aún más que esto ocurra en un momento en que el Recinto enfrenta dos acreditaciones, por el Consejo de Educación Superior (CES) y por la Middle States Association, en el que algunos programas también enfrentan acreditaciones en su disciplina, y en el que las facultades reflexionan sobre la educación general y la estructura de su bachillerato (véase Certificación número 11, 2003-2004 del Senado Académico). Partieron, entre otros, los decanos de Humanidades y Educación, el Decano Interino de Administración de Empresas y el Director del Sistema de Bibliotecas.

Sobresale la salida del Decano de Humanidades, Director del Comité de Celebración del Centenario, sobre quien la Rectora Gladys Escalona de Motta había vertido elogios. Sorprende, y así lo hizo conocer la Facultad de Humanidades en un voto unánime de censura a la Rectora, el estilo poco universitario ejercido por ésta al lanzarse a una búsqueda de su sustituto sin haberle pedido la renuncia y, peor aún, sin habérselo informado. Muchos universitarios comentan que el Decano de Humanidades cayó en desgracia desde el día en que expresó públicamente sus reservas sobre el llamado proyecto de reconceptualización del bachillerato, cuyo proceso calificó de “tortuoso”.

Por otra parte, continúan los esfuerzos por imponer dicha reconceptualización del bachillerato, proyecto cuya derogación reclamó el Claustro por abrumadora mayoría en su reunión de mayo de 2003. En la aprobación de la revisión curricular del Bachillerato de la Escuela de Comunicación (COPU), endosado y anunciado por la Rectora como cónsono con el modelo de bachillerato reconceptualizado, ocurrieron numerosas y graves irregularidades. El Comité de Reglamento y Ley del Senado sometió a este Cuerpo un documentado y minucioso Informe Especial en el que se constata que una alta funcionaria de la Vicepresidencia para Asuntos Académicos e Investigación Ana R. Guadalupe y un alto funcionario de la Escuela de Comunicación cambiaron sustancialmente el currículo propuesto por la Escuela, luego de aprobado por el Senado y avalado por la Junta Administrativa, reduciendo el programa a 120 créditos y eliminando cursos requisitos de graduación. Estos cambios coinciden con el proyecto de bachillerato reconceptualizado cuya derogación han reclamado el Claustro y los estudiantes, proyecto que la Rectora y parte de su equipo de trabajo quieren imponer en nuestro Recinto. Por medio del Informe se constata, además, que esos funcionarios se abstuvieron de informarle los cambios al Senado, a la Junta Universitaria, a la Junta de Síndicos y al CES. Se constata también que el alto funcionario de la Escuela se limitó a informar a su facultad los nuevos cambios propuestos. No se ocupó de someterlos a la evaluación y estudio por las partes involucradas para que los miembros del Programa tomaran acción y defendieran los mejores intereses académicos de la unidad. Estas acciones, contrarias a los reglamentos, las certificaciones y la Ley de la Universidad, menoscaban la autonomía del Recinto y las prerrogativas de los senados académicos. Citamos del Artículo 6, inciso C de la Ley:

"..la Junta, en su caso, y el Presidente en el suyo, tomarán todas las iniciativas de desarrollo y coordinación que las circunstancias aconsejen, sin menoscabo de las facultades conferidas a las unidades institucionales en reconocimiento de su autonomía." (Énfasis suplido.)

La Rectora, quien preside el Senado Académico, no parece darse por enterada de las graves consecuencias éticas y legales de este escandaloso asunto. Los dos funcionarios involucrados en esa acción ultra vires de alteración de una propuesta académica ocupan en la actualidad cargos sensitivos en el equipo de trabajo de la Rectora. Se ha hecho una falsa representación a los estudiantes, el sector más perjudicado. Se afectan también los claustrales que colaboran enproponen revisiones curriculares quienes se preguntan si los organismos superiores respetarán lo que aprueban las unidades. Se han usurpado las facultades y prerrogativas que la Ley y los reglamentos vigentes confieren a los claustrales y al Senado Académico. El Informe destacó que las irregularidades en el procedimiento de aprobación de la propuesta han puesto en entredicho la legitimidad misma del Bachillerato en Comunicación. De hecho, ponen en entredicho la existencia misma de los senados académicos.

La Rectora repitió recientemente su desdén hacia el Senado, al abstenerse de solicitar la consideración por ese Cuerpo de un nuevo programa académico que había sido referido directamente a la Junta Universitaria por la unidad académica, obviando el trámite reglamen- tario de consideración por el Senado. Se trata de un programa graduado que, según los señalamientos de la Vicepresidencia para Asuntos Académicos, tenía cambios sustanciales.

Los hechos que les comunicamos forman parte de una tendencia de varios años por parte de la Presidencia para inmiscuirse en los asuntos internos de los recintos en materia académica, con una consecuente erosión progresiva de las facultades y prerrogativas que la Ley y los Reglamentos confieren a los Recintos. En el caso del mencionado programa graduado, la Vicepresidencia, en lugar de tomar la acción correcta de devolver el programa al Senado, le dejó la decisión a la Rectora. ¿Cómo confiar en un sistema en el cual los propios funcionarios actúan al margen de las normas y no parecen conocer los límites de sus facultades ni el significado de la autonomía universitaria? Hemos constatado casos similares en el Recinto de Humacao (por ejemplo, véanse Certificaciones 122 a 125, 2002-2003 del Recinto de Humacao).

Los pilares que sostienen la esencia de la universidad se tambalean: la autonomía académica, la autonomía universitaria, la libertad de cátedra, la búsqueda del conocimiento y la búsqueda de la verdad. En vez de socavar los fundamentos de excelencia de nuestra centenaria Institución universitaria, en lugar de obstinarse en sustituir el bachillerato vigente por uno deficiente y mal reconceptuado–que el Claustro y estudiantes ya han rechazado–, y en lugar de ignorar y eludir su responsabilidad vicaria de defender la autonomía de los programas y sus iniciativas académicas ante los organismos universitarios, la Rectora debería asumir con absoluta rectitud y compromiso los más altos valores educativos de este primer Centro docente del País y las responsabilidades inherentes a su cargo. Si la Rectora no tiene la voluntad para cumplir con esta misión y la encomienda del Recinto, debe renunciar tal como ha recomendado la Facultad de Humanidades.

Apreciados miembros de la Comunidad Universitaria: estemos alertas y dispuestos a defender los principios fundamentales de nuestra Institución.

Grupo de Universitarios pro Excelencia Académica
Febrero de 2004