Boletín de agosto 2005

Lo último relacionado con el
“nuevo” bachillerato

A pesar de que en mayo de 2003, en reunión debidamente convocada, el Claustro del Recinto rechazó abrumadoramente la propuesta de reconceptuación del Bachillerato y el Senado Académico se vio precisado a replantearse el asunto. Ahora, transcurridos dos años, los decanos de facultades y los directores de escuelas han circulado a la comunidad universitaria otra Propuesta para la Revisión del Bachillerato en el Recinto de Río Piedras, que tiene tantos defectos y lagunas como la anterior. Desde marzo del corriente, los funcionarios citados cuentan con un calendario y con directrices de trabajo orientadas a la aprobación de ese cuestionable proyecto.

Al leer esta Propuesta surgen de inmediato las siguientes interrogantes:

  1. ¿Cuál es la justificación de los cambios propuestos?
  2. ¿Cuál es el fundamento para la definición de educación general (a modo de ejemplo, se definen las Humanidades como “procesos humanos en el tiempo y el espacio”(!)?
  3. ¿Cuál es la justificación para los límites de créditos por componente y para el total de créditos?
  4. ¿Por qué no reconocer que la determinación de esos límites depende, no sólo de los “requisitos de acreditación profesional”, sino también del perfil del ingresado y de la naturaleza de la disciplina o profesión?
  5. ¿Por qué eliminar un segundo año de Humanidades y de Ciencias Naturales y sustituirlo por seis créditos de Literatura y tres de Arte?
  6. ¿Por qué reducir la enseñanza de cursos medulares como Español e Inglés?
  7. ¿Cuál es la definición de “pensamiento logicomatemático”, de “literatura” y de “arte“, y con base en qué criterios se crearán y ubicarán cursos bajo estos renglones?

Especial mención amerita el proceso que ha culminado en dicha Propuesta. La Certificación Núm. 11 (Año Académico 2003-2004) del Senado Académico encomendó a los decanos y directores que

“en consulta con sus facultades y otros sectores universitarios, generen, en conjunto […] un documento de consenso sobre la revisión curricular”.

Asimismo, la Certificación Núm. 3 (Año Académico 2004-2005)

“mandata [sic] a los decanos y directores de escuelas a promover durante este semestre [agosto-diciembre 2004], en las distintas instancias de sus unidades, la discusión de los documentos producidos hasta el momento por los decanos en torno a la revisión curricular del bachillerato en el Recinto … “ [énfasis suplido].

Sin embargo, a pesar de que el grupo de decanos y directores señala que ha “incorporado” sugerencias y preocupaciones producto de las discusiones en sus facultades y escuelas, lo cierto es que hay unidades en las cuales las discusiones no se han llevado a cabo, o han sido incompletas y aisladas, y sus propuestas no se han elevado a dicho foro. Esto desvirtúa el mandato del Senado Académico. La Propuesta tampoco demuestra que los proponentes hayan tomado en consideración las numerosas y pertinentes reacciones, interrogantes y recomendaciones que dentro y fuera del Recinto generó el llamado proyecto de nuevo bachillerato. Muestras claras de esto lo son la ausencia de justificación para los cambios y de una consideración del perfil del estudiante de nuevo ingreso, el privilegiar la flexibilidad por sobre el rigor académico, la marcada preferencia por un bachillerato de 120 créditos y un perfil del egresado carente de una debida definición.

Insistimos en que esta nueva Propuesta sufre de las mismas deficiencias de contenido y de proceso del malogrado proyecto de nuevo bachillerato cuya derogación reclamó el Caucus de Senadores Estudiantiles y el Claustro en su reunión de mayo de 2003.

Por otro lado, en su Informe al Senado Académico en reunión de marzo de 2005, la Rectora señaló que el Comité Conjunto de Acreditación de la MSCHE y el CES (Middle States Commission on Higher Education y el Consejo de Educación Superior)

“estima que el Recinto carece de una filosofía coherente de “educación general” y un concepto claro de lo que debe ser el componente medular de educación general del bachillerato. Se le requiere al Recinto completar la revisión del bachillerato y someter un itinerario completo de implantación, la cual debe comenzar en el año académico 2007-2008.”

La Propuesta de los decanos y directores dista mucho de cumplir con el señalamiento relacionado con la educación general. No queremos pensar que se esté utilizando el proceso de reacreditación como pretexto para impulsar o imponer una propuesta de revisión curricular que carece de solvencia académica y de la debida justificación. Según el Informe, el Comité encontró que

“los estudiantes valoran la calidad de la educación y de los servicios que reciben”

y que

“nuestra oferta académica graduada y subgraduada es amplia y de gran calidad vis a vis los recursos con los que contamos para ponerla en vigor.”

Si esto es así, ¿qué diagnóstico sirve de fundamento a la aludida Propuesta de los decanos y directores?

Participar en procesos de revisión curricular incide en nuestra misión universitaria. Sin embargo, coincidimos con Alicea [circa 1999], que lo razonable es “aplicar un principio de parsimonia, tal que se procuren cambios delimitados esenciales”. Desde su mismo Anteproyecto, la llamada reconceptualización [sic] del bachillerato ha sido

“una especie de utopía defectuosa, un desgarrado esfuerzo totalizador de propuestas educativas que tienen, como mal de fondo, la ingenua pretensión de contenerlo todo; un modelo ecléctico que pretende reunir los fetiches ideológico-educativos del momento” (Alicea, pág. 3).

Grupo de Universitarios pro Excelencia Académica. Agosto de 2005